Mester de brujería – Cantigas de Inesia y Rapaz

Hoy tengo el placer de anunciar oficialmente el lanzamiento de una nueva novela. El mérito no es sólo mío, he tenido el placer de disfrutar de su escritura junto a la escritora Marta Estrada y, como añadido extra, va a salir ilustrada por Mario García (buscadlo en Instagram como @marius.1964 y flipadlo un poquito). Como adelanto, hoy os muestro una de esas ilustraciones que el pintó en color y que en el libro irá en blanco y negro. Aunque la imagen ya la hemos mostrado en Instagram y Facebook, no os quedáis sin primicia. La sinopsis:

Escapé de una celda con licor y una canción, sólo para terminar pegado a una silla de montar.

Me colé en la tumba de un brujo y conseguí su anillo…, a cambio de uno de mis dedos.

He tocado el laúd ante un rey, pero acabé bañado en sangre.

Viajé por la Hispania oculta en busca del portal de los mundos.

Me llamo Rapaz, y seguro que no has oído hablar de mí.

Escapé de Loviara con la apariencia de un mozo y, perseguida por el hielo, acabé donde quería:adosada a un bardo errante.

Sobreviví al rescate de una aldeana,secuestrada en la cueva del río, aunque en el empeño perdí a mi niña interior.

He tocado con el alma la brutalidad del Alto Oficio y acabé bañada en lágrimas de sangre.

Viajé por la Hispania oculta en busca de mi padre.

Me llamo Inesia, y seguro que no has oído hablar de mí.

Así leáis lo acontecido en este viaje, y de los esfuerzos y padecimientos hasta alcanzar un destino que cambió nuestro mundo… y nuestras vidas.

Cena con diamantes

Alejandro se disculpó con la pareja de la mesa del al lado. Distraído como iba con los mensajes de su teléfono, no se había dado cuenta de lo cerca que había pasado del respaldo de la joven. El chico no le dio importancia y si lo hizo lo supo disimular. «Pimpollos», pensó y volvió a su asiento dando gracias porque le diera tiempo a regresar del aseo antes de que llegara Patricia. Esa noche, todo debería resultar perfecto. Jugueteó sin ganas con el aperitivo, se moría de ganas de poner los labios sobre una copa de Faustino. ¿Por qué nunca llegaba a la hora? Patricia salía a las cinco de la oficina, había tenido tiempo de sobra. Sigue leyendo

Y LLEGÓ EL QUINTO

Y después del verano más largo de mi vida, aunque esto está aún por ver, llega al fin el quinto libro, mi tercera novela si descontamos los dos libros de relatos (El libro de las historias fingidas y el Libro de las historias subterráneas). Esta es la flamante portada:

Portada molona, ¿a que sí?

Peón blanco, dama negra es una novela del Cyberblues. ¿Y eso qué es? Habrás leído sobre el Cyberpunk, pero si el punk es un género músical en sí mismo, el blues tiene un protagonismo vital en el desarrollo de la trama.

El protagonista no en vano se hace llamar Jake Blues, un claro homenaje a su película favorita, en sustitución de una vida y un nombre que no recuerda. Su memoria ha sido borrada por las drogas a las que es adicto y que le permiten vender sus pesadillas a adinerados multimillonarios. Os dejo con la sinopsis que lo explica con más vehemencia que yo.


Sinopsis

Jake está acabado. Su vida es una mierda pero da igual, no se queja. Así es el mundo, así ha sido y así será. Nada cambia, nadie puede cambiar nada, ¿verdad?

Ahí está, tirado en la discoteca y escuchando una música que no le pone. ¿Dónde queda el blues? Olvidado en otro tiempo que ya nadie recuerda. Jake fuma un poco de Efi, se consume entre los vapores de la droga buscando un paraíso artificial y lo único que encuentra son pesadillas, pesadillas que recoge en su implante neuronal y que luego vende a cabrones ricos y degenerados.

Le quedan unos pocos días de vida pero se encoge de hombros, tiene ganas de acabar y mandarlo todo a tomar por saco. Su vida, el mundo, las pesadillas… A la mierda con todo.

Un traje, corbata, sombrero y gafas de sol, nada más importa. Solo quiere que se acabe ya. Entonces entra ella, esa diosa de ébano que sacudirá las últimas horas que le quedan y le dará la razón: la vida es una estafa y todos somos esclavos de esos cabrones que están arriba.

El problema es que él sí tiene la capacidad de cambiar las cosas. ¡Qué putada!

#peónblancodamanegra #edicionescívicas #leeresexy

 #escribirmola #novela #bluesbrothers #blues #cienciaficción #cyberblues

He estado de ferias

El año editorial, por llamarlo de alguna forma, se revela antes del verano. Durante el invierno, los autores también presentan libros y quizá con la mente puesta en esta época primaveral en la que florecen las casetas. Para los autores consagrados, es tiempo de posar, pero aún es más importante para los que nadamos en las procelosas aguas de no alcanzar los escaparates. Sigue leyendo

La flor del azar

El local estaba hasta arriba de gente. Las parejas tenían que alzar la voz para entenderse en una espiral ascendente de decibelios. Rober la miró con seriedad:
―Si te soy sincero, no pensaba que volvería a verte.
―No sé por qué lo dices. ¿Acaso te traté con desconsideración? ―preguntó Susana.
―En absoluto, pero en todo momento me pareció percibir que no conseguía conectar contigo.
―El amor es azaroso en extremo, Rober. No deberías esforzarte tanto y menos en una segunda cita.
―¿Esforzarme en comprenderlo?
―No, en agradar.
En realidad, lo que Susana no decía era que le había resultado un poco pelma y que acertaba al pensar que no tuvo intención de volverlo a llamar. Hasta que había surgido aquella ocasión. Y por eso estaban allí, aunque él aún no lo sabía.
―He de reconocer también que me ha sorprendido la elección del local ―prosiguió él, en un intento de congraciarse a la vez que desviaba el tema de una cuestión espinosa.
―Este… local, tiene una historia llamativa.
―Comenzando por el nombre, por supuesto ―comentó Rober, en una clara referencia a la ortografía del rótulo.
Susana asintió. La flor del azar partía, en efecto, de una intención errónea. Herminia, la propietaria, había querido homenajear su origen levantino, pero sus escasos conocimientos del castellano correcto le habían jugado una mala pasada. Cuando encargó el rótulo, olvidó la hache y hasta se permitió ignorar la pregunta bienintencionada del rotulista. De ese modo, había quedado sellado su destino hostelero. Cuando se lo explicó a Rober, éste se limitó a sonreír con suficiencia.
―De ahí su éxito.
―Su creciente aceptación como lugar de ambiente nació más bien de la capacidad de su dueña de adaptarse, de reconocer un error y seguir adelante como si tal cosa. Cuando se dio cuenta de la equivocación, no rectificó. Hizo del azar su aliado y seña de identidad.
Rober frunció el ceño, confundido.
―Herminia comenzó entonces a servir las tapas aleatorias. Te deja elegir de la carta lo que quieras acompañar a tu bebida, pero luego levanta una tapa al azar y es lo que te comes. Puede parecer insolente pero a la clientela, en lugar de enfurecerle, le hizo gracia y corrió de boca en boca. Desde aquel momento, no ha dejado de innovar en su dependencia del albur. Cuando empezó a servir menús del día, nunca sabías qué ibas a comer. Después pasó a las bebidas. Los parroquianos, cada vez más habituales, comentaban que descubrían cócteles a los que jamás hubieran concedido una primera oportunidad.
―Caray, el público es veleidoso ―dijo Rober, sorprendido de veras aunque preocupado por su intolerancia a la lactosa y a las gramíneas.
―No te preocupes, siempre podrás cambiar el plato con alguien de la mesa.
―En realidad es una mesa para dos, Susana, pero me alegra que estés tan bien dispuesta ―añadió, en otro vano intento de agradar.
―Ahí es donde radica, precisamente, la última novedad de La flor del azar. A partir de esta noche, las parejas de las mesas también se distribuirán de forma fortuita, según un sorteo que solo Herminia conoce hasta ahora. En un momento anunciarán la rotación. Como ves, no cabe un alfiler. La idea ha sido todo un éxito. Rober, de verdad, deseo que tengas mucha suerte esta noche.

Foto: La Nueva Crónica

REVISTA PdÁ LITERARIA

Recojo en esta entrada el nacimiento de una nueva revista en la que tengo el honor de participar y que estará pronto a la venta.






Sobre la revista
https://youtube.googleapis.com/v/LLY9Ohx0gyI&source=uds
La idea de crear PdÁ Literaria surge del sueño de dos editoras literarias, Noemí Trujillo y Anamaría Trillo. Con cariño e ilusión, acogen la obra y los sueños de muchos escritores que, debido a las imposiciones del mercado editorial, no tienen una oportunidad de verse publicados por las grandes editoriales que copan el panorama literario actual.

Playa de Ákaba, la editorial de la que emana la revista, es incapaz, debido a su tamaño y sus medios limitados, de dar salida a todo el talento de tantas y tantas voces que necesitan hacerse oír. Pero desea hacerlo, de ahí que una revista pueda ser una solución. Una revista es un medio ágil y accesible, es una forma de que muchos autores puedan expresarse, puedan ver sus obras en un papel, en un medio que las haga llegar a cientos de lectores. PdÁ es un medio de expresión que recogerá opiniones, reseñas, artículos de actualidad literaria y sobre todo literatura de calidad: poemas, ensayos, relatos…

Nace con el deseo de dar voz a muchos autores de gran calidad, pero aún sin la difusión que se merecen, y, además, con la aspiración de convertirse algún día en una revista de referencia dentro del mundo literario.


La directora de la revista

Anamaría Trillo (Madrid, 1976) es Licenciada en Periodismo y editora. Comenzó su vida profesional en la radio, la prensa escrita y la comunicación empresarial, pero finalmente ha orientado su carrera hacia el mundo del libro, que le permite aunar dos de sus grandes pasiones: leer y escribir. Trabaja como editora y correctora, e imparte cursos de edición literaria. Es uno de los miembros fundadores del grupo literario Generación Subway, en el que coordina una antología de relato. Ha participado en el libro colectivo Nueva carta sobre el comercio de libros (Playa de Ákaba, 2014). El faro de Umssola y otros cuentos subterráneos (Playa de Ákaba, 2014) es su primera incursión en solitario en el mundo literario. Su pasión por el mundo del libro la ha llevado a cultivar una hermosa afición: hacer libros a mano mediante técnicas de encuadernación tradicional.

Formato de la revista


El formato de la revista es DIN A4, con 60 páginas a todo color.

Listado de autores para el nº1


Miguel Hernández García
Efraim Suárez
David Yeste
Eugenio Asensio
Juan Manuel González Lianes
Ángel Silvelo Gabriel
Juan Olivares
Noemí Trujillo
José Payá Beltrán
Enrique Clarós
Ángel Lara Navarro
Mª Dolores Fernández Guerrero
Herminia Meoro
Pedro P. de Andrés
Elena Marqués
Belén Rodríguez Quintero
Anamaría Trillo
Rosario Curiel
Amanda Gamero
Josep Piella
Úna Fingal
Rafa Melero
Ismael Pérez de Pedro
Jorge Gamero
Milagros Arranz
José Cuenca Molina

CASANOVA Y EL MAR

Prometí publicar este relato en el blog y siempre cumplo una promesa. Para ti, Lydia.


Casanova y el mar

El último mensaje seguía ahí, en el móvil; otro esquinazo en el último momento. Debía tratarse de una ex que intentaba pagarle con su misma moneda, pero eran demasiadas como para tener una sospecha clara. Años de seducción, de echar el anzuelo en la Red y conseguir deliciosas presas, siempre los más atractivos pececitos del banco. Esas páginas de contactos era una mina. A Javier le resultaba tan sencillo que, en ocasiones, se aburría, aunque no por ello cejaba en su empeño. El método era sencillo: crear un perfil con su foto más atractiva, unas palabras ligeramente misteriosas en la biografía y unos gustos amplios para abarcar diversas posibilidades. Un par de chateos, a lo sumo, y ya tenía el teléfono. De ahí al dormitorio era un par de cenas, en el caso de la más resistente.
Sin embargo, con Luca había sido diferente desde el principio. Mostró algo de interés, sí, en los primeros compases, pero después entraba y salía del baile con ágiles movimientos evasivos. Cuando parecía que Javier se irritaba y pasaba a otra cosa mariposa, Luca aleteaba de nuevo en las cercanías y el interés rejuvenecía. Todo un reto. Si era cierto que se trataba de una ex, se tomaba muchas molestias. Javier era locuaz e ingenioso, pero no persistente y aquel era el pez del viejo en el mar. Tira y afloja.
Otro mensaje. Que sí, que había llegado, que la esperase, que fuera al bar donde han quedado, por favor, pero que no saliera corriendo. Sonaba demasiado a broma, o peor, a trampa. Javier hizo un amago de dar media vuelta e irse a casa a por otro sedal, aunque no pudo resistir el embrujo de la misteriosa cita. Entró en el local. Solo había una mujer dentro. Tenía que ser Luca, sentada en una silla de ruedas y mirando hacia la puerta con ojos indefensos. Su instinto depredador sufrió un revés. Ahora entendía las reservas con respecto a las fotos del perfil y las evasivas cuando Javier se las solicitaba. Le gustaban las mujeres altas, de piernas largas y caderas estrechas. Luca, en cambio, era una chica del montón con un hándicap adicional. Pudo leer la decepción en los ojos de ella cuando la duda le retuvo en la puerta de la cafetería. Recordó su conversación tan agradable, siempre culta e interesante, por no hablar de su enorme sentido del humor… Reaccionó a tiempo, tenía esa facilidad. Sonrió al mirarla. Qué diablos, la chica le gustaba, tal vez fuera el momento para un cambio.
Se acercó a Luca, desconcertada ante el cambio de estrategia de Javier. Esperaba tensa, como una presa acorralada, pero él sabía ser arrebatador cuando se lo proponía:
—Hola preciosa, ya era hora de conocerte.

            Recibió tal sonrisa a cambio que se derritieron todas y cada una de sus capas de estupidez. La mirada de Luca le transmitió una paz desconocida y de pronto deseó que aún quedara esperanza para él.

LA BIBLIOTECA

Estampé mi firma con satisfacción. Había empleado tiempo y recursos para lograrlo, pero al fin era mía la Villa de las Flores, hogar ancestral de la familia Villena. En su interior, verdadero objeto de mi deseo, la magnífica biblioteca, reunida a través de generaciones.
El portón de acceso cedió con facilidad a la llave, un detalle de buen agüero. Fascinado, exploré mis nuevos dominios hasta encontrarla. Paredes recubiertas de libros de todos los tamaños y encuadernación: enciclopedias, tratados, antologías… Apenas llevaba unos minutos en la mansión y ya me sentía como en casa. Ansiaba perderme en aquella biblioteca, sumergirme en lecturas únicas en el mundo o en la mera contemplación de aquellos anaqueles cuyo contenido era un tesoro.
Qué estupidez. Tenía a mi disposición una de las mayores colecciones privadas y, sin embargo, me sentía atraído por aquel libro solitario que había quedado relegado tras el abandono precipitado de la familia. Reposaba en un atril, abierto todavía por la página que mi predecesor había marcado con la cinta roja. Sería un buen comienzo dar continuidad a esa lectura, un silencioso homenaje a su anterior propietario.
Mi capacidad de lector crítico quedó en entredicho. No era capaz de discernir una historia, un solo pensamiento en aquella amalgama de frases incoherentes, más propias de un escritor perturbado. Provocado en mi más secreto orgullo, a punto estuve de cerrar el libro para siempre y arrojarlo a la chimenea. Cerré el libro y me fui a dormir, aunque fui presa de un sueño en el que el volumen de tapas negras me urgía a continuar su lectura y descifrar su secreto. A medianoche…
***
Desperté ofuscado. El desánimo había tomado el lugar del entusiasmo del primer día en la villa. Nunca antes se había desquiciado mi descanso de aquella manera. Debía hacerlo a medianoche… ¿Hacer qué? ¿Destruir el libro? Tal vez se tratase de una especie de ritual… La falta de adecuado descanso hacía mella en mi talante escéptico.
A pesar de todo, no me acerqué a la biblioteca en todo el día, atrincherado en la redacción de diversas cartas en mi flamante despacho. Por la noche, tras una cena fría, el descanso se convirtió en una repetición de la pesadilla, protagonizada ahora por una mujer de semblante sereno en una tez pálida como la luna llena y cabellos ensortijados, que imploraba mi ayuda con gestos que yo era incapaz de interpretar. Sometido a su embrujo en descanso y vigilia, no me cabía sino afrontar el misterio.
Con renovado valor, mediada ya la mañana, me dirigí a la biblioteca dispuesto a todo. Cargué la copa de un brandy espeso que apuré sin titubeos. Antes de sumirme en la lectura examiné con una lupa el tomo, sin hallar marcas ni señales de interés. No había título ni autor aparente. Me concentré de nuevo en el galimatías de oraciones sin sentido. Los trazos de tinta impresa se alargaban como zarcillos que intentaran apoderarse de mi cordura en una lucha desigual en la que estuve a punto de sucumbir. Mi único apoyo era el recuerdo de la dama pálida. Apelé al sentido común. La racionalidad no podía ceder ante la superstición. Aquello no era nada más que un simple libro.
Leí sin cesar, página a página, sin atreverme a saltar un solo párrafo por temor a perder información de importancia. Con el discurrir de los capítulos fueron tomando forma imágenes en mis retinas como si de un cinematógrafo se tratara. Rostros de una familia de opulencia manifiesta en sus ropas, maneras y que se encontraban sin duda alguna en el interior de la Villa de las Flores. Eran ajenos a mi observación. Tan solo la dama del cabello rizado mantenía su mirada fija en mí, empujándome a continuar. «Medianoche», leía ahora con claridad en sus labios. La historia oculta cobraba sentido entre aquellas hojas: la desaparición repentina de la familia Villena. Imposible saber de qué modo habían quedado atrapados. La mujer reclamaba mi ayuda, tal vez la única esperanza de liberación. Debía continuar la lectura hasta la medianoche, era la clave. Sin embargo, un sutil temor comenzó a calar en mi propósito. Ignoraba si todo aquel montaje no era sino una trampa para aprisionarme a mí también. La promesa que leía en sus ojos faltos del brillo de la vida no parecía un aliciente poderoso como para abrazar tales riesgos. Fue necesario recurrir a toda mi voluntad para poder levantar la mirada de la atracción magnética de aquellas líneas de texto. El reloj de pared marcaba las once y cincuenta. Fuera, la noche era absoluta. Llevaba todo el día encerrado entre aquellas palabras, una prisión elocuente que terminó por decidirme.
Cuando consideré que el hoyo era lo bastante profundo, dada mi escasa aptitud para el trabajo manual, arrojé el libro a su interior, con la esperanza de haberme deshecho de un inquilino inquietante y de una amenaza a mi derecho de propiedad sobre la villa. Desde el jardín, a través de la ventana abierta de la biblioteca, podía escuchar como el carillón marcaba las doce campanadas.