Nuevo accésit

La compañía Gargantúa, dedicada entre muchas otras cosas, a promocionar la Aste Nagusia (Semana Grande) de Bilbao, concede todos los años un accésit al relato, de entre los presentados al Certamen Internacional Bilbao Aste Nagusia convocado por la asociación Plaza Nueva Idazleak, que refleje el espíritu festivo. Y en este año 2017 han decidido que mi relato “El diablo viste de Aste Nagusia” era el elegido.

Mila esker, Gargantúa.

 

Certamen Literario Bilbao Aste Nagusia - portada K-Toño

Relato de “Múltiple 2016”

Con mi modesta participación, aquí os dejo un relato en el que hemos participado unos cuantos autores a propuesta de la maravillosa Revista Tartarus y a la que, por supuesto, no pudimos ni quisimos negarnos. Como más de uno se imaginará al leer el título, algo algo he tenido que ver puesto que fui el que dio inicio al relato y, claro, la ballena tira al mar (cabra en el original)…

Revista Tártarus

Múltiple-2016_Portada.jpgTeníamos muchas ganas de este día y por fin está aquí. Ya podéis descargar y leer el relato Por qué lloran las ballenas, resultado de nuestra iniciativa de escritura y lectura “Múltiple 2016”.

¡Muchas gracias a todos los escritores!

Descarga el relato aquí

Ver la entrada original

Últimos momentos

Hospital de Gorliz – turismovasco.com

Miran al mar desde la terraza del sanatorio de Gorliz. Bernar estira la manta de su amigo y vuelve a protestar:

—Medio siglo es demasiado corto. Qué injusta la enfermedad cuando queda tanto por hacer…

—No creas, mi buen Bernar. —Aspira la brisa salada en un suspiro—. Me he casado dos veces, he tenido hijo y he publicado cinco libros. Tengo el respeto de mis colegas, he viajado por toda Europa y hasta tuve una amante francesa.

Bernar enarca las cejas y acaba por sonreír. Su amigo nunca le ha mentido.

—No, querido amigo. Me muero, sí; pero no doy la vida por perdida.

MICROCUENTOS DE VERANO

Literatura

Julián remolonea con la cuchara en los cereales.
—Date prisa, hijo, o llegarás tarde. Me dijo el profesor de Literatura que has mejorado mucho. ¿Te quedarás a estudiar en la biblioteca hoy también?
—Sí, mamá.
—Así me gusta. Que las musas…
—… me encuentren trabajando. Sí, mamá, lo sé. —Su madre siempre repite esa misma frase desde que la ha leído no se sabe dónde.
Julián esconde una sonrisa taimada. Su musa, sí. Ha quedado con ella al salir del Instituto. Llevan saliendo más de un año y ya están terminando el primer libro de relatos eróticos.

—————————————————————————————

La sombra del roble es alargada…

Le debo mucho más que la vida. Después de que me refugiara en el hueco de su corteza durante aquel incendio que dejó su piel ennegrecida, se convirtió en mi hogar, en mi territorio de aventuras e incluso me proporcionó un lugar donde trabajar en mi telaraña. ¿Cómo no amar a ese viejo roble solitario? ¿Cómo no desear que viva otras cien primaveras y que lo haga en compañía?

Veo cómo esa joven encina, que se siente distinta en el robledal, alarga sus brazos después de cada invierno para buscar su cercanía, su saber y su cobijo. Algún día las sombras de sus ramas se fundirán en una sola.

MICROCUENTOS DE VERANO

Literatura

Julián remolonea con la cuchara en los cereales.
—Date prisa, hijo, o llegarás tarde. Me dijo el profesor de Literatura que has mejorado mucho. ¿Te quedarás a estudiar en la biblioteca hoy también?
—Sí, mamá.
—Así me gusta. Que las musas…
—… me encuentren trabajando. Sí, mamá, lo sé. —Su madre siempre repite esa misma frase desde que la ha leído no se sabe dónde.
Julián esconde una sonrisa taimada. Su musa, sí. Ha quedado con ella al salir del Instituto. Llevan saliendo más de un año y ya están terminando el primer libro de relatos eróticos.

—————————————————————————————

La sombra del roble es alargada…

Le debo mucho más que la vida. Después de que me refugiara en el hueco de su corteza durante aquel incendio que dejó su piel ennegrecida, se convirtió en mi hogar, en mi territorio de aventuras e incluso me proporcionó un lugar donde trabajar en mi telaraña. ¿Cómo no amar a ese viejo roble solitario? ¿Cómo no desear que viva otras cien primaveras y que lo haga en compañía?

Veo cómo esa joven encina, que se siente distinta en el robledal, alarga sus brazos después de cada invierno para buscar su cercanía, su saber y su cobijo. Algún día las sombras de sus ramas se fundirán en una sola.

RE-VOLUCIÓN

Domiciano saluda con el puño en alto al desvaído poster del Ché y recoge la bandera comunista enarbolada en cientos de asambleas durante la Transición. Es el momento. Las redes sociales han reaccionado ante el dominio de los políticos sobre una sociedad aletargada. Se estima que serán miles los jóvenes que se concentrarán en la capital para protestar. Domiciano se enorgullece de ver, por fin, un viso de rebeldía en su indolente nieto. Juntos salen a la calle.

Dolores abre la puerta al abatido sindicalista.
—¿Qué ha ocurrido, Domi? ¿La nacional dando palos de nuevo?  —pregunta al ver la opacidad en los ojos de su marido.

—Protestan contra la baja calidad de Internet, Lola. Quieren más ancho de banda…

LA BIBLIOTECA

Estampé mi firma con satisfacción. Había empleado tiempo y recursos para lograrlo, pero al fin era mía la Villa de las Flores, hogar ancestral de la familia Villena. En su interior, verdadero objeto de mi deseo, la magnífica biblioteca, reunida a través de generaciones.
El portón de acceso cedió con facilidad a la llave, un detalle de buen agüero. Fascinado, exploré mis nuevos dominios hasta encontrarla. Paredes recubiertas de libros de todos los tamaños y encuadernación: enciclopedias, tratados, antologías… Apenas llevaba unos minutos en la mansión y ya me sentía como en casa. Ansiaba perderme en aquella biblioteca, sumergirme en lecturas únicas en el mundo o en la mera contemplación de aquellos anaqueles cuyo contenido era un tesoro.
Qué estupidez. Tenía a mi disposición una de las mayores colecciones privadas y, sin embargo, me sentía atraído por aquel libro solitario que había quedado relegado tras el abandono precipitado de la familia. Reposaba en un atril, abierto todavía por la página que mi predecesor había marcado con la cinta roja. Sería un buen comienzo dar continuidad a esa lectura, un silencioso homenaje a su anterior propietario.
Mi capacidad de lector crítico quedó en entredicho. No era capaz de discernir una historia, un solo pensamiento en aquella amalgama de frases incoherentes, más propias de un escritor perturbado. Provocado en mi más secreto orgullo, a punto estuve de cerrar el libro para siempre y arrojarlo a la chimenea. Cerré el libro y me fui a dormir, aunque fui presa de un sueño en el que el volumen de tapas negras me urgía a continuar su lectura y descifrar su secreto. A medianoche…
***
Desperté ofuscado. El desánimo había tomado el lugar del entusiasmo del primer día en la villa. Nunca antes se había desquiciado mi descanso de aquella manera. Debía hacerlo a medianoche… ¿Hacer qué? ¿Destruir el libro? Tal vez se tratase de una especie de ritual… La falta de adecuado descanso hacía mella en mi talante escéptico.
A pesar de todo, no me acerqué a la biblioteca en todo el día, atrincherado en la redacción de diversas cartas en mi flamante despacho. Por la noche, tras una cena fría, el descanso se convirtió en una repetición de la pesadilla, protagonizada ahora por una mujer de semblante sereno en una tez pálida como la luna llena y cabellos ensortijados, que imploraba mi ayuda con gestos que yo era incapaz de interpretar. Sometido a su embrujo en descanso y vigilia, no me cabía sino afrontar el misterio.
Con renovado valor, mediada ya la mañana, me dirigí a la biblioteca dispuesto a todo. Cargué la copa de un brandy espeso que apuré sin titubeos. Antes de sumirme en la lectura examiné con una lupa el tomo, sin hallar marcas ni señales de interés. No había título ni autor aparente. Me concentré de nuevo en el galimatías de oraciones sin sentido. Los trazos de tinta impresa se alargaban como zarcillos que intentaran apoderarse de mi cordura en una lucha desigual en la que estuve a punto de sucumbir. Mi único apoyo era el recuerdo de la dama pálida. Apelé al sentido común. La racionalidad no podía ceder ante la superstición. Aquello no era nada más que un simple libro.
Leí sin cesar, página a página, sin atreverme a saltar un solo párrafo por temor a perder información de importancia. Con el discurrir de los capítulos fueron tomando forma imágenes en mis retinas como si de un cinematógrafo se tratara. Rostros de una familia de opulencia manifiesta en sus ropas, maneras y que se encontraban sin duda alguna en el interior de la Villa de las Flores. Eran ajenos a mi observación. Tan solo la dama del cabello rizado mantenía su mirada fija en mí, empujándome a continuar. «Medianoche», leía ahora con claridad en sus labios. La historia oculta cobraba sentido entre aquellas hojas: la desaparición repentina de la familia Villena. Imposible saber de qué modo habían quedado atrapados. La mujer reclamaba mi ayuda, tal vez la única esperanza de liberación. Debía continuar la lectura hasta la medianoche, era la clave. Sin embargo, un sutil temor comenzó a calar en mi propósito. Ignoraba si todo aquel montaje no era sino una trampa para aprisionarme a mí también. La promesa que leía en sus ojos faltos del brillo de la vida no parecía un aliciente poderoso como para abrazar tales riesgos. Fue necesario recurrir a toda mi voluntad para poder levantar la mirada de la atracción magnética de aquellas líneas de texto. El reloj de pared marcaba las once y cincuenta. Fuera, la noche era absoluta. Llevaba todo el día encerrado entre aquellas palabras, una prisión elocuente que terminó por decidirme.
Cuando consideré que el hoyo era lo bastante profundo, dada mi escasa aptitud para el trabajo manual, arrojé el libro a su interior, con la esperanza de haberme deshecho de un inquilino inquietante y de una amenaza a mi derecho de propiedad sobre la villa. Desde el jardín, a través de la ventana abierta de la biblioteca, podía escuchar como el carillón marcaba las doce campanadas.