Entrega de premios Aste Nagusia 18

Entrega de premios del VI Certamen Internacional  Literario Bilbao Aste Nagusia 2018

 El próximo 20 de agosto, a las 12:00 horas, se entregarán los premios del VI Certamen Internacional Literario Bilbao Aste Nagusia 2018.

antologia18 Premio Bilbao Aste Nagusia:  

Último viaje (Igor Goikoetxea Luengo – Bilbao)

 Accésits

Aste Nagusia 2049 (Pedro de Andrés Correas – Leioa)

La habitación 114 (Igor Goikoetxea Luengo – Bilbao)

 

Premio Plaza Nueva Idazleak:

Espíritu (Salva Ramírez García – Busturia)

Accésits

La mirada gris de un niño (María Nieves Angulo Salazar – Vitoria)

¿Azul o gris? (Francisco Javier Simón de La Torre – Bilbao)

 La entrega de premios y trofeos acreditativos tendrá lugar en el hall del Hotel Abando (Colón de Larreátegui 9 -Bilbao). Estáis tod@s invitad@s. 

También participarán los miembros de la Asociación Literaria Plaza Nueva Idazleak,  organizadora del Certamen, La Compañía de Gargantúa, jurado, ilustradores y los autores premiados. Contaremos asimismo con la presencia en el acto de diferentes personalidades del ámbito de la cultura y la sociedad bilbaína. Al finalizar, se ofrecerá un cóctel a los asistentes.

Gargantua18

Para informarse sobre el Certamen visiten:

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 Para consultas contacten con:

Iñaki Uriarte Tfno: 620 901 016 Mail: inakiuriarte@hotmail.es

José Manuel Aparicio Tfno: 661 468 935 Mail: contacto@mundopalabras.es

Joseba Iraola Tfno: 669 303 651 Mail: jiramendi@wanadoo.es

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Accésit relato Certamen Aste Nagusia 2018

marijaia18

El jurado del Certamen de relato Aste Nagusia de Bilbao ha tenido a bien conceder un accésit a mi relato “Aste Nagusia 2049” en el que se narra una Semana Grande bilbaína un tanto distópica. Será publicado junto a los ganadores y otros relatos seleccionados en la antología anual que publica Mundopalabras. Para ir abriendo boca, os ofrezco el relato con el que el año pasado gané el premio Gargantúa en el mismo certamen. Porque la Aste Nagusia está llena de fantasía y sentido de la maravilla…

 

 

 

CERTAMEN INTERNACIONAL DE RELATO ASTE NAGUSIA 2104El diablo viste de Aste Nagusia

A Cristina Diosdado nada le parecía más grosero que el look de Marijaia. Desde su mesa de diseño de moda, se veía asaltada constantemente por la imagen mental de aquel andrajo colorido sobre el balcón del Arriaga. Su desasosiego aumentaba con la cercanía en fechas de las fiestas de Bilbao. Con lo hermoso que lucía San Fermín… Demontre, si hasta Celedón lucía cierta donosura en su descenso sobre los alaveses. En su calidad de asesora de imagen de ilustres mandatarios y celebridades, se había impuesto como cruzada personal librar a la Semana Grande bilbaína de tan nefasto símbolo. Ya se imaginaba la esbelta figura de una modelo confeccionada en rutilante cartón-piedra y cubierta de lentejuelas, el talle fino y la falda mínima. ¿No pretendían hacer de Bilbao un emblema de modernidad en el siglo XXI? Desde su posición de influencia, dejó caer aquí y allá insidiosos comentarios, susurrados al oído de ediles y junteros. Y esa nariz tan rústica, señoría, qué me va a decir usted a mí… Claro, excelencia, por supuesto que podría contar con mis servicios desinteresados, todo por nuestra amada Villa. Si tan siquiera los comparseros se mostraran menos inflexibles. Imposible, enarbolaban al espantajo como su bandera festiva, la protegían como si de su propia amatxu se tratara. La concordia entre las principales fuerzas vivas de la ciudad era tan importante para todos que, al final, todas sus gestiones y maledicencias cayeron en saco roto. Nadie estaba dispuesto a arriesgar su trasero apoltronado por Cristina y su proyecto.

—Señorita Diordado —el modelista tuvo buen cuidado de enfatizar la erre con la que la diseñadora adornaba su apellido—, entiendo su idea, aunque no alcanzo a vislumbrar en qué selecto escaparate o galería pretende encajar este… maniquí.

Cristina alzó las cejas desafiándole a continuar con sus quejas, aunque su visitante no se arredró por ello.

—El vestido es perfecto como casi todas sus creaciones, pero no entiendo a qué viene esa… pose.

—Haga su maldito trabajo. ¡Je suis une artiste! —le reconvino Cristina, golpeando con fuerza el diseño en la pantalla del ordenador. El susto del hombre fue su pírrica venganza por el «casi todas sus creaciones». Si no fuera el mejor en su trabajo, ya lo habría despellejado.

Una semana después, la dependienta de su exclusiva boutique entró en su despacho con el carmín a medio aplicar.

—Hay una señora que exige verla, señorita Diordado.

—¿¡Exige!? Cómo se atreve… —dijo con furia. De ordinario, habría pegado una bronca de las buenas a esa perezosa por irrumpir en su sancta sanctorum sin llamar y por molestarla con menudencias, pero llevaba días de los nervios y el tono de exigencia terminó por exasperarla del todo. —¿Quién es?

—No tengo ni idea —comentó la joven antes de salir tan deprisa que no hubo lugar a más preguntas.

Cristina se levantó en equilibrios sobre sus tacones. El furor le daba mareos. Salió sin cerrar la puerta pues tenía las manos ocupadas alisando las arrugas que el satén había dejado sobre sus ya no tan tersas carnes. Necesitaba concentración para planificar el golpe. El chupinazo, qué ordinariez, tendría lugar en tres días y aún no sabía cómo dar el cambiazo en el Arriaga antes de que la multitud beoda exigiera la presencia del icono festivo en el balcón. Ya no tendrían tiempo de reaccionar y, cuando vieran la perfección en los rasgos de la nueva modelo, miles de tuits la convertirían en el centro de atención del mundo de la moda. Recuperaría su lugar de una vez por todas y nadie querría de vuelta a aquel adefesio de ropas chillonas y vulgares. Si tan solo supiera cómo…

—¿Qué demonios? —acertó a preguntar cuando llegó a la planta baja, allí donde se exponían sus diseños de alta costura.

Como si sus más osados sueños se hubieran hecho realidad, la ocasión se había plantado ella solita ante su puerta. Parecía imposible, pero allí estaba, gorda y nariguda, tan desagradable con el tufillo a kalimotxo que debía usar como eau de toilette.

—Disculpe que me presente así, señorita Dios… Diordado. Me llamo Mari y tenemos un asunto que tratar, si usted me entiende.

Claro que la entendía. Cristina suavizó su rictus de inmediato, su boca mostrando la más dulce, y sibilina, de las sonrisas. Si la mujerona que tenía delante era la auténtica Marijaia, solo los divos sabrían cómo había ocurrido, lo tendría fácil para llevarse el gato al agua. No necesitaba cometer una ilegalidad para lograr sus propósitos, bastaría con «convencerla» de cualquier forma a su alcance para que fuera sustituida por su creación.

Mari subía las escaleras de caracol con paso firme pese a la estrechez del paso giratorio. Cualquiera diría que semejante soltura fuera posible en una mujer de su envergadura. Cristina, solicita, le cedió el paso y dejó que la precediera al entrar en su despacho.

—Después de usted —repuso en cambio Mari en un tono de voz inapelable.

Aquello no comenzaba con buen pie. Por Dior que esa Mari no se achicaba ante el lujo manifiesto de su lugar de trabajo. No bien se hubo sentado Cristina, Mari cerró la puerta tras de sí dando un único y sonoro golpazo, con sus ojos estrábicos fijos en los de Cristina.

«Mariiiii… Mariiiiii… Marijaia datoooooor», sonaba a todo volumen en los altavoces del Arenal. Cristina estaba en la antesala de la balconada del Arriaga. La Txupinera ya tenía el cohete listo y la multitud coreaba la dichosa cancioncita. Ella lo había planeado, iba a cambiar a la Marijaia por alguien más estiloso. Debería sentirse orgullosa pero, embutida como estaba en un cuerpo de cartón-piedra, no podía bajar los brazos ni quitarse aquella blusa tan espantosa.

 

Premio de relato EnR/Netwriters

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Esta tarde me entregan, por poderes dada mi lejanía, el primer premio del Concurso literario de la red social de escritores en red y la red social Netwriters en la sede social de la Asociación de escritores y artistas españoles en Madrid. Casi nada. Un premio muy especial porque, además, el jurado estaba formado por escritores y poetas de gran calado, y entre los finalistas gente como Ana Montojo, Lola Álvarez Feito u Oskar Rodrigáñez entre otros grandes. Todo un honor, vaya. Los que acudáis, pasadlo bien y tomaos una por mí. Chin, chin.

Accésit en novela

Quiero compartir mi alegría por el accésit a mejor novela logrado en el III Premio Somnium de Ciencia Ficción y Fantasía convocado por la editorial Libros Mablaz. A continuación os detallo la relación de ganadores completa:

Palmarés del III Premio Somnium de Ciencia Ficción y Fantasía

Ganadora:  Amalia Núñez por  “Bimini”
Accesit: Pedro de Andrés Correas por  “PRÆCURSOR”
Finalistas
3º Carlos Torrijos “La gruta del musgo”
4º exaequo Teodoro Balmaseda “Misión: Antares” y Sergio Ramos Pérez ¡”Ellos!”
5º Carlos Torrijos “El coballa (con ll)”
6º Amalia Núñez “El reino boreal”
 
Y de regalo para los lectores, la portada provisional (aún está inédita la novela) que Álvaro Palomo de FDP Designs ha diseñado para la novela que inaugura el género CiberBlues.
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Enhorabuena a los finalistas y, en especial, a la ganador Amalia Núñez.

Eden Ranch – Premio de relato Terbi 2015

Ya está disponible para su descarga el fanzine nº 10 de la Terbi (Tertulia de Ciencia Ficción, Terror y Fantasía de Bilbao) con los relatos finalistas y el ganador del V Certamen de relato temático.

El contenido del fanzine es:

Noticias de la TerBi – Jornada TerBi 9-5-2015

Fallo V Premio Temático “Mundo Envejecido

Relatos del Certamen TerBi:
– “Eden Ranch” de Pedro Pablo de Andrés Correas
– “El gran crucero” de Abel Amutxategi Ortega
– “Extensior” de Christian Klein
– “Fluido Vital” de Isaac Correa
– “La cola de lagartija” de Ferrán Varela Navarro
– “Morituri te salutant!” de Vicente Hernándiz López

Actividades e iniciativas de la TerBi

Se puede descargar en su blog.  

Ganador del V Certamen de Relato Temático "Mundo envejecido"

El pasado sábado 9 de mayo, durante las jornadas organizadas por la asociación TerBi en el edificio La Bolsa del Casco Viejo de Bilbao, se anunció el fallo del citado certamen. Ni que decir tiene que casi me caigo de la silla cuando escuché que el ganador era mi relato “Eden Ranch” de entre más de sesenta relatos recibidos.
La emoción que sentí ya fue enorme cuando me enteré de que estaba entre los finalistas, que a continuación relaciono por orden alfabético del título del relato:
– “Eden Ranch”, escrito por Pedro Pablo de Andrés Correas, de Bilbao
– “El gran crucero”, escrito por Abel Amutxategi Ortega, de Bilbao
– “Extensior”, escrito Eva Escribano Compains, de Bilbao
– “Fluido Vital”, escrito por Diego Escobedo, de Santiago de Chile
– “La cola de lagartija”, escrito por por Ferrán Varela Navarro, de Barcelona
– “Morituri te salutant”, escrito por Vicente Hernándiz López, De Ribarroja del Turia (Valencia)
Como se señalaba en las bases, estos relatos se publicarán en el fanzine especial que publicará la TerBi en unas semanas y cuyo enlace os facilitaré oportunamente para que quien lo desee pueda leerlo.

TODO POR EL PREMIO


Lo primero que hizo al entrar en casa fue lanzar los zapatos a través del recibidor. Los tacones de aguja dieron tumbos por la tarima, anunciando su llegada. El bolso cayó, por casualidad, en el brazo correcto de la percha. La chaqueta, en cambio, llegó hasta el sofá del salón para las visitas. Tuvo que encender  algunas luces. La casa estaba en tinieblas salvo por los parpadeos intermitentes al fondo del pasillo. Desde la habitación de Alejandro (su  cubil, como lo llamaba ella), llegó un grito: «¡Muere maldito capullo!».
Hoy era día de calificaciones escolares. Sabía que no debería estar preocupada. Alejandro era un buen estudiante… si tenía motivación. Nerea trabajaba duro en una jornada agotadora que, seis días a la semana, se prolongaba de sol a sol. Gracias a su abnegación —le encantaba la palabra, le hacía sentirse una madre mejor— podía dar a su hijo todo lo que ella, de niña, no pudo tener. «Si no suspendes más de una, tendrás un premio», le había dicho. Nunca le fallaba. Alejandro se esforzaba cuando estaba debidamente incentivado aunque le hubiera gustado que, para variar, le pidiera un libro, que le llevara al zoo… cualquier cosa. «El Destroyer 5, Nerea, es lo más de lo más», le había contestado el muchacho. «Mamá…». «¿Qué?» «Que me llames mamá, Alejandro». «Pero es que te llamas Nerea…». Cansada, lo dejaba estar. Como siempre. Cuando tenía tres años le llamaba mamá. Ahora era, sencillamente, Nerea.
Se asomó a la habitación, sabedora de que Alejandro no había escuchado el ruido de los zapatos contra el zócalo.
—¿Hijo?
—…
—Ya estoy en casa. —Nerea agitó las manos.
Con un bufido de fastidio, Alejandro pulsó el botón de pausa y la miró con los ojos enrojecidos. «Ha estudiado demasiado, seguro», pensó Nerea. Sin decir nada, el chico tensó la mandíbula para señalar la mesita de estudio. Ese gesto era muy del bastardo de su padre. Si no se hubiera ido…
Cogió el papel y lo desdobló hasta convertir la bola arrugada en una superficie legible. Matemáticas, 5; lenguaje, 5; física, 5; inglés, 6… esa siempre se le había dado bien. No en vano su padre, piloto comercial, le había hablado en ese idioma desde que era un bebé. Además, los videojuegos le ayudaban a practicar.
Alejandro se quitó los auriculares que le permitían lo que él llamaba la «inmersión».
—Solo me ha quedado Educación Física, Nerea. Dame el premio.
Pensó que si tuviera tiempo le llevaría a un gimnasio. Aprendería a defenderse y haría ejercicio. Puede que hubiera engordado un poco. Tal vez  convendría limitar los bollos de chocolate…
—Aquí tienes, hijo. Te lo has ganado. ¿Me darás un beso esta vez?
—No seas moñas, Nerea. —Alejando ya estaba sacando el disco de la consola para introducir en su lugar, el del premio. El «Destroyer 5».

«He hecho bien en comprarlo de camino a casa. El chaval iba a cumplir, eso ya lo sabía. Estoy tan orgullosa…».