Accésit en novela

Quiero compartir mi alegría por el accésit a mejor novela logrado en el III Premio Somnium de Ciencia Ficción y Fantasía convocado por la editorial Libros Mablaz. A continuación os detallo la relación de ganadores completa:

Palmarés del III Premio Somnium de Ciencia Ficción y Fantasía

Ganadora:  Amalia Núñez por  “Bimini”
Accesit: Pedro de Andrés Correas por  “PRÆCURSOR”
Finalistas
3º Carlos Torrijos “La gruta del musgo”
4º exaequo Teodoro Balmaseda “Misión: Antares” y Sergio Ramos Pérez ¡”Ellos!”
5º Carlos Torrijos “El coballa (con ll)”
6º Amalia Núñez “El reino boreal”
 
Y de regalo para los lectores, la portada provisional (aún está inédita la novela) que Álvaro Palomo de FDP Designs ha diseñado para la novela que inaugura el género CiberBlues.
portada praecursor.jpg
Enhorabuena a los finalistas y, en especial, a la ganador Amalia Núñez.

Eden Ranch – Premio de relato Terbi 2015

Ya está disponible para su descarga el fanzine nº 10 de la Terbi (Tertulia de Ciencia Ficción, Terror y Fantasía de Bilbao) con los relatos finalistas y el ganador del V Certamen de relato temático.

El contenido del fanzine es:

Noticias de la TerBi – Jornada TerBi 9-5-2015

Fallo V Premio Temático “Mundo Envejecido

Relatos del Certamen TerBi:
– “Eden Ranch” de Pedro Pablo de Andrés Correas
– “El gran crucero” de Abel Amutxategi Ortega
– “Extensior” de Christian Klein
– “Fluido Vital” de Isaac Correa
– “La cola de lagartija” de Ferrán Varela Navarro
– “Morituri te salutant!” de Vicente Hernándiz López

Actividades e iniciativas de la TerBi

Se puede descargar en su blog.  

Ganador del V Certamen de Relato Temático "Mundo envejecido"

El pasado sábado 9 de mayo, durante las jornadas organizadas por la asociación TerBi en el edificio La Bolsa del Casco Viejo de Bilbao, se anunció el fallo del citado certamen. Ni que decir tiene que casi me caigo de la silla cuando escuché que el ganador era mi relato “Eden Ranch” de entre más de sesenta relatos recibidos.
La emoción que sentí ya fue enorme cuando me enteré de que estaba entre los finalistas, que a continuación relaciono por orden alfabético del título del relato:
– “Eden Ranch”, escrito por Pedro Pablo de Andrés Correas, de Bilbao
– “El gran crucero”, escrito por Abel Amutxategi Ortega, de Bilbao
– “Extensior”, escrito Eva Escribano Compains, de Bilbao
– “Fluido Vital”, escrito por Diego Escobedo, de Santiago de Chile
– “La cola de lagartija”, escrito por por Ferrán Varela Navarro, de Barcelona
– “Morituri te salutant”, escrito por Vicente Hernándiz López, De Ribarroja del Turia (Valencia)
Como se señalaba en las bases, estos relatos se publicarán en el fanzine especial que publicará la TerBi en unas semanas y cuyo enlace os facilitaré oportunamente para que quien lo desee pueda leerlo.

TODO POR EL PREMIO


Lo primero que hizo al entrar en casa fue lanzar los zapatos a través del recibidor. Los tacones de aguja dieron tumbos por la tarima, anunciando su llegada. El bolso cayó, por casualidad, en el brazo correcto de la percha. La chaqueta, en cambio, llegó hasta el sofá del salón para las visitas. Tuvo que encender  algunas luces. La casa estaba en tinieblas salvo por los parpadeos intermitentes al fondo del pasillo. Desde la habitación de Alejandro (su  cubil, como lo llamaba ella), llegó un grito: «¡Muere maldito capullo!».
Hoy era día de calificaciones escolares. Sabía que no debería estar preocupada. Alejandro era un buen estudiante… si tenía motivación. Nerea trabajaba duro en una jornada agotadora que, seis días a la semana, se prolongaba de sol a sol. Gracias a su abnegación —le encantaba la palabra, le hacía sentirse una madre mejor— podía dar a su hijo todo lo que ella, de niña, no pudo tener. «Si no suspendes más de una, tendrás un premio», le había dicho. Nunca le fallaba. Alejandro se esforzaba cuando estaba debidamente incentivado aunque le hubiera gustado que, para variar, le pidiera un libro, que le llevara al zoo… cualquier cosa. «El Destroyer 5, Nerea, es lo más de lo más», le había contestado el muchacho. «Mamá…». «¿Qué?» «Que me llames mamá, Alejandro». «Pero es que te llamas Nerea…». Cansada, lo dejaba estar. Como siempre. Cuando tenía tres años le llamaba mamá. Ahora era, sencillamente, Nerea.
Se asomó a la habitación, sabedora de que Alejandro no había escuchado el ruido de los zapatos contra el zócalo.
—¿Hijo?
—…
—Ya estoy en casa. —Nerea agitó las manos.
Con un bufido de fastidio, Alejandro pulsó el botón de pausa y la miró con los ojos enrojecidos. «Ha estudiado demasiado, seguro», pensó Nerea. Sin decir nada, el chico tensó la mandíbula para señalar la mesita de estudio. Ese gesto era muy del bastardo de su padre. Si no se hubiera ido…
Cogió el papel y lo desdobló hasta convertir la bola arrugada en una superficie legible. Matemáticas, 5; lenguaje, 5; física, 5; inglés, 6… esa siempre se le había dado bien. No en vano su padre, piloto comercial, le había hablado en ese idioma desde que era un bebé. Además, los videojuegos le ayudaban a practicar.
Alejandro se quitó los auriculares que le permitían lo que él llamaba la «inmersión».
—Solo me ha quedado Educación Física, Nerea. Dame el premio.
Pensó que si tuviera tiempo le llevaría a un gimnasio. Aprendería a defenderse y haría ejercicio. Puede que hubiera engordado un poco. Tal vez  convendría limitar los bollos de chocolate…
—Aquí tienes, hijo. Te lo has ganado. ¿Me darás un beso esta vez?
—No seas moñas, Nerea. —Alejando ya estaba sacando el disco de la consola para introducir en su lugar, el del premio. El «Destroyer 5».

«He hecho bien en comprarlo de camino a casa. El chaval iba a cumplir, eso ya lo sabía. Estoy tan orgullosa…».

TODO POR EL PREMIO


Lo primero que hizo al entrar en casa fue lanzar los zapatos a través del recibidor. Los tacones de aguja dieron tumbos por la tarima, anunciando su llegada. El bolso cayó, por casualidad, en el brazo correcto de la percha. La chaqueta, en cambio, llegó hasta el sofá del salón para las visitas. Tuvo que encender  algunas luces. La casa estaba en tinieblas salvo por los parpadeos intermitentes al fondo del pasillo. Desde la habitación de Alejandro (su  cubil, como lo llamaba ella), llegó un grito: «¡Muere maldito capullo!».
Hoy era día de calificaciones escolares. Sabía que no debería estar preocupada. Alejandro era un buen estudiante… si tenía motivación. Nerea trabajaba duro en una jornada agotadora que, seis días a la semana, se prolongaba de sol a sol. Gracias a su abnegación —le encantaba la palabra, le hacía sentirse una madre mejor— podía dar a su hijo todo lo que ella, de niña, no pudo tener. «Si no suspendes más de una, tendrás un premio», le había dicho. Nunca le fallaba. Alejandro se esforzaba cuando estaba debidamente incentivado aunque le hubiera gustado que, para variar, le pidiera un libro, que le llevara al zoo… cualquier cosa. «El Destroyer 5, Nerea, es lo más de lo más», le había contestado el muchacho. «Mamá…». «¿Qué?» «Que me llames mamá, Alejandro». «Pero es que te llamas Nerea…». Cansada, lo dejaba estar. Como siempre. Cuando tenía tres años le llamaba mamá. Ahora era, sencillamente, Nerea.
Se asomó a la habitación, sabedora de que Alejandro no había escuchado el ruido de los zapatos contra el zócalo.
—¿Hijo?
—…
—Ya estoy en casa. —Nerea agitó las manos.
Con un bufido de fastidio, Alejandro pulsó el botón de pausa y la miró con los ojos enrojecidos. «Ha estudiado demasiado, seguro», pensó Nerea. Sin decir nada, el chico tensó la mandíbula para señalar la mesita de estudio. Ese gesto era muy del bastardo de su padre. Si no se hubiera ido…
Cogió el papel y lo desdobló hasta convertir la bola arrugada en una superficie legible. Matemáticas, 5; lenguaje, 5; física, 5; inglés, 6… esa siempre se le había dado bien. No en vano su padre, piloto comercial, le había hablado en ese idioma desde que era un bebé. Además, los videojuegos le ayudaban a practicar.
Alejandro se quitó los auriculares que le permitían lo que él llamaba la «inmersión».
—Solo me ha quedado Educación Física, Nerea. Dame el premio.
Pensó que si tuviera tiempo le llevaría a un gimnasio. Aprendería a defenderse y haría ejercicio. Puede que hubiera engordado un poco. Tal vez  convendría limitar los bollos de chocolate…
—Aquí tienes, hijo. Te lo has ganado. ¿Me darás un beso esta vez?
—No seas moñas, Nerea. —Alejando ya estaba sacando el disco de la consola para introducir en su lugar, el del premio. El «Destroyer 5».

«He hecho bien en comprarlo de camino a casa. El chaval iba a cumplir, eso ya lo sabía. Estoy tan orgullosa…».

II PREMIO LITERARIO PLANETA DEAGOSTINI DE RELATO CORTO


Es un día muy especial para mí y quiero compartirlo con todos vosotros. Hoy se ha hecho pública la relación de ganadores del II Premio Literario Planeta DeAgostini de relato corto para escritores noveles, en el que he tenido el honor de participar y ser elegido por el jurado como Segundo Premio por mi relato “Resistencia” que será publicado junto con el ganador y los demás finalistas en un libro que aparecerá junto con el fascículo 60 de la colección El Placer de Escribir de la misma editorial.


Vaya por delante mi enhorabuena al ganador, Manuel Garrido Hernández por “El proceso de Maillard”, así como a los finalistas y al resto de participantes.



II PREMIO LITERARIO PLANETA DEAGOSTINI DE RELATO CORTO


Es un día muy especial para mí y quiero compartirlo con todos vosotros. Hoy se ha hecho pública la relación de ganadores del II Premio Literario Planeta DeAgostini de relato corto para escritores noveles, en el que he tenido el honor de participar y ser elegido por el jurado como Segundo Premio por mi relato “Resistencia” que será publicado junto con el ganador y los demás finalistas en un libro que aparecerá junto con el fascículo 60 de la colección El Placer de Escribir de la misma editorial.


Vaya por delante mi enhorabuena al ganador, Manuel Garrido Hernández por “El proceso de Maillard”, así como a los finalistas y al resto de participantes.