Y con él llego el “sarao”

calamos

Regresar de la #Hispacon2017 (lo sé, tengo la crónica pendiente) y que te ofrezcan ser el artista invitado en un evento en Madrid es como no haber salido de un sueño. Gracias a Rosa María Berlanga esta noche apareceré por Tapas y Fotos en Lavapiés con la juglaría a cuestas dispuesto a entretener al respetable con una selección de relatos breves. Además, estaré rodeado de mis invitados (el novelista Tito Álvarez, la editora Marga G. Pacios, la poeta Ángeles Fernangómez y las escritoras Carmen Fabre y Lydia Cotallo) y en el apartado musical, el dúo “Esto nuestro” (Eva del Río y Antonio Santiago) y Julio Hernández, el “negrosexual”. Si hubiera tenido que pedirlo a una estrella, no me habría salido mejor. Os espero (y ya tengo dos crónicas pendientes…).

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Mascota

No le gustaba que lo sacara del serrín para acariciarlo; lo aceptaba como justo intercambio por el refugio, comida y seguridad.

Era un buen Proveedor y tenía costumbres divertidas que le gustaba imitar, como cuando se rascaba. Eran tan parecidos… imagen y semejanza. De ahí pasó a rascar el fondo de la jaula y si el Proveedor se tumbaba en su sofá, él hacía lo mismo. Otras cosas, otros ruidos y olores le resultaban familiares, pero no lograba verlos desde sus rejas. También le gustaba cuando se sentaba a rascar lo blanco con el cilindro, hermosas líneas que luego le mostraba, aunque no lograba entenderlas. Después, el Proveedor pasaba sus ojos por encima y murmuraba, como si rezara a su propio Proveedor.

Volvió a imitarlo. Carecía de objetos, pero podía usar sus patas para rascar su lecho. Terminado su trabajo, se echó a esperar en la puerta. El Proveedor, como siempre, se acercó a rellenar su cuenco y acariciar su cabeza. De pronto, parpadeó. Cerró los ojos, respiró deprisa y volvió a abrirlos. Abrió mucho la boca y salió corriendo. Nunca más lo vio.

Ahora espera en silencio, la jaula sucia, el comedero vacío. No entiende por qué no le gustó cuando dibujó aquellos signos: GRACIAS.

(Fotografía: kierounerizo.com)

JUNGLA DE ASFALTO


Salgo a la calle sin aliento y busco, ansioso, algo a lo que saltar. Finalmente encuentro una sonrisa que destaca entre rostros cenicientos. Me pongo a la par y siento como tira de mi agorafobia en dirección al trabajo. Consigo llegar hasta la 47. Me lanzo al vacío de esta acera sin nada a lo que aferrarme. Pánico. Los buenos días de una vecina me impulsan dos manzanas hasta la Quinta. El tránsito de la avenida es un río caudaloso de caras largas en crisis bursátil. Recurro una vez más al anuncio de cereales; esa boca perfecta que me lleva en volandas hasta la oficina.

Por la tarde, sin prisas, me dejaré llevar por lianas afables de vuelta a casa.

FUMATA BLANCA


La cámara secreta mejor guardada del mundo. Custodia objetos que, de darse a conocer, cambiarían la Historia.
Acaba de calzar las sandalias del pescador. Penetra en la estancia con temor reverencial. El séquito queda fuera. Solo él puede utilizar la gran llave de oro. Sobre la mesa central, rodeada de libros cuya existencia se ignora, una caja. Se inclina sobre ella. No hay instrucciones de su antecesor. Él tampoco podrá dejarlas. Pulsa un botón y descuelga el auricular. Se sobresalta al sonido de… estática.
—¿Sí? —la voz tonante llena la cámara.
—¿…Señor?
—Hijo, estos mandatos te doy…

***
Abandona la estancia con paso tembloroso. Mucho que asimilar. Tres pares de ojos dejan de observar entre las sombras y desconectan un aparato.

—Ya es nuestro…

LA NIEVE


Imagina que te sumerges en el frío de la noche o en el agua de un lago de montaña, allí donde brota puro. La piel grita por el choque con el calor de tu cuerpo. ¿Puedes imaginar un dolor que quema sin sol? Es lluvia blanca que no moja sino esconde. Que transforma las chozas y les roba el color hasta que no puedes mirarla porque duele en tus ojos incluso después de cerrarlos.
Extiendes la mano abierta y una de esas gotas de tejido se posa y te mira, lánguida, hasta desaparecer. Aunque son débiles por separado, unidas pueden ocultar a un hombre tendido y hacerle dormir hasta la muerte. Cuando las nubes oscuras se derraman y el sol abandona el mundo, aturdido, ese manto adquiere la rigidez de la madera y es difícil quebrarlo. Da miedo, ¿verdad? El mundo pierde sus matices, cubierto por un sueño del más puro y blanco lino. ¿Cómo encontrarás la senda, tú que transitas por los caminos de arena de la Tierra Vacía?

A eso, mi buen hermano, lo llaman nieve.

¿PASADO O FUTURO?

Sentado en el lugar prominente observo a los retoños compartiendo el espacio cubierto delante de la caverna comunal. El mío, tan parecido a mí en todo, domina claramente el juego. Lanza la piedra como nadie. Acaricio mi arma. Está pulida con mimo y me ha ganado el sobrenombre de «bueno-más-bueno» por mi habilidad. Nadie osa enfrentarse a mí ahora, y menos cuando, ante un lance de juego que no me ha gustado, increpo a los demás con mi voz poderosa. Pido a mi vástago que lo golpee duro en la cabeza. Cuando veo los efectos, sonrío satisfecho. Lo estoy preparando para el futuro.

MICROCUENTOS DE VERANO II

Esta noche toca microcuento y es uno bastante especial, porque mis compañeros del grupo Gigantes de Liliput en la red Netwriters lo votaron como medalla de oro en su, hasta ahora, última edición. Espero que os guste. Feliz verano.

¿Volver a empezar?

Después de contemplar durante eones las consecuencias del Big Bang, la expansión de la materia, la creación de galaxias, mundos, púlsares y quásares, tiempo durante el que civilizaciones primitivas surcaron las estrellas y entes de energía pura decayeron en la más profunda oscuridad, el Gran Albañil se aburrió de esperar a que ocurriera algo nuevo. No podía aguardar a que el Universo implosionase hasta convertirse de nuevo en el Ladrillo Infinitesimal. Lo juntó todo con sus manos de dimensiones inabarcables, hizo una bola y lo recicló por completo. Fundido a negro.