SECUESTRO

Lo envié certificado, desde una dirección falsa. Ese ricachón fue tan bastardo como para no pagar el rescate de su hija. Total…, le quedaban nueve dedos y el meñique no es útil para nada.
El dedo, con el mensaje, viajó en una caja con todos los sellos. Solo faltaba cobrar.

Bum, bum. Bum, bum.


 Por todos los demonios…, ¿quién llama a la puerta en esta cabaña perdida en el bosque?
¡Bum, bum. Bum, bum!
—Paquete certificado, oficina de Correos.
¿Será un cartero o un agente del FBI?
—Firme aquí.
Quito el precinto —bum, bum— y abro la caja despacio. El meñique me señala, me acusa. Bum, bum…

Ha regresado a por mí.
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