La furia de Alarico

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A Teo le gustaba el colegio a pesar de los deberes, del rechinar de tiza contra el encerado, del olor a humanidad de los pupitres y, sobre todo, de los recurrentes castigos corporales con los que Don Santiago se empeñaba a diario en corregir hasta lo incorregible.

—La lista de los reyes godos —preguntó el maestro alzando sus espesas cejas por encima de las gafas. Seguir leyendo

Presentación de “El libro de las historias subterráneas”.

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En el principio fue “El libro de las historias fingidas” al que siguió “La balada de Brazodemar”. Ahora os presento, con la inestimable ayuda de Marga G. Pacios (escritora y una de las maravillosas editoras de maLuma) y Joseba Iraola (escritor de pluma fina y contertulio radiofónico entre otras muchas cosas buenas) el próximo día 23 de septiembre en el salón de actos del Palacio Yhon de Bilbao, también conocido como edificio La Bolsa (no la de Wall Street sino la de la amatxu de Begoña en el Casco Viejo). Charlaremos de Literatura, leeremos algunos relatos y sortearé un ejemplar entre los asistentes. Acompañadme en el viaje subterráneo de David, un militar retirado de manera prematura, en su busca de la misteriosa Elsa.

Y si ese día tenéis mejores asuntos que atender, habrá más ocasiones, no lo dudéis. El 15 de octubre, en el mismo lugar y por la mañana, dentro de las jornadas organizadas por la Terbi, la tertulia de ciencia ficción, fantasía y terror en activo más veterana del país. Poco después, el 21 de octubre, en la Euskal Etxea de Madrid, todo un honor y un privilegio. Habrá más, sin duda. Hasta pronto.

El libro de las historias subterráneas

PORTADA.jpgAquí está la nueva criatura, una nueva Novela de Relatos, una historia que entrelaza una veintena de cuentos de géneros diversos a la manera de lo que ya hice con El libro de las historias fingidas. En esta ocasión he contado con el apoyo de Editorial maLuma, una editorial que nació con el compromiso de que los autores seamos compañeros en el proceso de alumbramiento de una nueva publicación. He de decir que así ha sido en todo momento y que no puedo estar más feliz con el resultado. Seguir leyendo

Encuentro clandestino en el bosque

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Ambos rodaron contra un anciano roble. La proximidad llevó a Lila Madreselva a arrugar la nariz. Los efluvios viriles del barón de Almizcleur eran sordos y penetrantes. El noble no se arredró ante el gesto de rechazo y continuó con sus intentos de seducción.

—Sois un frívolo, barón.

—Muchacha, si te tomas la vida demasiado en serio, te precipitarás en el aburrimiento y la amargura. Seguir leyendo

Yo te veo y tú me oyes

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Cuando el oftalmólogo le retiró la venda, no se había atrevido a abrir los ojos en un primer momento; eran demasiadas las decepciones. Solo al sentir el peso de una mano sobre el hombro, en una silenciosa oferta de ánimo pudo alzar los párpados. Sus párpados dieron lugar al abrirse al familiar resplandor y los cerró de golpe con furia, negando su desesperación. La operación, su última oportunidad, no había surtido efecto y le llevó más de una semana recuperar su rutina de inválido. Por eso le sorprendió tanto aquella llamada del INEM. ¿Una oferta de empleo pese a su ya perpetua incapacidad? De día estaba ciego por completo debido al exceso de luz y solo de noche podía soportar la claridad de la luna con unas gafas casi opacas. Seguir leyendo

Ese perturbador soniquete nocturno

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Solo la intervención de Sor Carmela consiguió que Inés accediera a compartir temporalmente su dormitorio de la residencia para mayores, insistiendo en la virtud de la caridad. «Pago para dormir sola, madre», le había dicho antes de claudicar en el confesionario. Desde el primer día, tuvo que soportar la molesta costumbre de Amalia de acostarse con un transistor pegado a la oreja escuchando los resultados deportivos, ese runrún insidioso que le impedía pegar ojo hasta que lo apagaba con un «buenas noches, Inés». «Pero, ¿le gusta el fútbol, Amalia?», le preguntó cuando no pudo más, incapaz de Seguir leyendo

Humanos malditos

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Mientras manipula los controles para que su nave venza la gravedad de ese planeta de muerte, recuerda a sus compañeros caídos. La invasión era un completo éxito ante un ejército de balas metálicas y vehículos con orugas que se deshacían como arena ante sus poderosas armas, hasta que habían sido derrotados por un minúsculo virus contra el que no tenían defensas. Solo él, inmune tal vez por naturaleza había sobrevivido a la letal enfermedad.

«Volveré».